Corrupción, un batalla difíci

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El principal compromiso de la nueva etapa que vive México es acabar con la corrupción. Para ello se ha puesto en marcha una política basada en primer lugar en la expedición de leyes, que permite combatir las desviaciones en el ejercicio de los programas públicos, pero también para evitar que en otros sectores haya corrupción.

Por eso, una de las primeras medidas que tomamos desde el Congreso fue establecer como delito grave la corrupción en la Constitución y se terminó con las partidas presupuestales discrecionales que daba lugar a que desde el Congreso se destinaran recursos para gestiones de los propios legisladores.

Esta batalla no es nada fácil, se tiene que ir a contracorriente frente a serie de vicios y costumbres que fueron metiéndose como la humedad en las instituciones y en la sociedad. Por eso hay que utilizar todos los medios para combatirla y denunciar, siempre.

Otro instrumento fundamental es el combate a la simulación para triangular recursos a través de empresas fantasma, mediante las cuales se canalizaba dinero público para fines personales o distintos a los de los programas.

Se modificó la ley orgánica de la administración pública federal para que las compras de gobierno se realicen de manera ordenada a través de la Secretaría de Hacienda, logrando así economías, pero sobre todo evitando el tráfico de influencias. De igual forma, se dotó de mayor capacidad de investigación a la Función Pública, así como de plena autonomía a la Fiscalía General de la República para sancionar cualquier corruptela.

Otra forma de corrupción era la manipulación del gasto público en los programas sociales. La intermediación a través de liderazgos deshonestos y la simulación para la supuesta prestación de servicios, se terminó al entregar de manera directa los recursos públicos a quienes realmente los necesitan.

Todas las acciones que en conjunto han establecido el Congreso y el gobierno están siendo eficaces para impedir que se violente la ley y para lograr que los recursos no se desvíen para enriquecer a nadie.

Por todo esto, la estrategia está siendo eficaz y se ha traducido en una mayor confianza ciudadana. La percepción de la sociedad, quien es la que a final de cuentas califica y evalúa, es positiva. No obstante, hay que reconocer que este es un problema presente en todos los órdenes de gobierno y sobre el cual es necesario mantener una política de Estado permanente para erradicar de manera definitiva la corrupción en nuestro país.

 

Lee esta columna en Publímetro AQUÍ.

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