Conferencia “Paridad de género en puestos de liderazgo”

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Buenos días, es un honor reunirme con la Asociación Mexicana de Mujeres Empresarias, organismo que agrupa a las micro, pequeñas, medianas y grandes empresas del país encabezadas por mujeres mexicanas, quienes contribuyen todos los días al desarrollo económico de nuestro país, a la generación de empleos de calidad y, sobre todo, al empoderamiento y a la autonomía de las mujeres.

 

Con más de 4 mil afiliadas en todo el territorio nacional, la AMEXME no solo se ha consolidado como la red de negocios de mujeres más grande de México, sino que, además, se ha convertido en un referente nacional e internacional por su capacidad de organización, talento y visión social.

 

Las socias, accionistas y dueñas que integran a este organismo, son un ejemplo viviente de la capacidad emprendedora de las mujeres y del impacto positivo que tiene nuestra presencia en los más altos puestos de dirección de los diferentes sectores productivos: en la gastronomía, la hotelería, los servicios, el transporte y el comercio.

 

En su más de medio siglo de historia, la AMEXME ha derribado mitos y estereotipos de género propios de la cultura machista. Ha roto innumerables techos de cristal y, al mismo tiempo, ha hecho un esfuerzo importante por promover la sororidad, esa hermandad que nos une a las mujeres bajo la premisa de que juntas, somos invencibles.  

 

En ese sentido, la AMEXME es una aliada estratégica para continuar avanzando en la construcción de una sociedad más igualitaria, una sociedad que reivindique los derechos de las mujeres y elimine las barreras que obstaculizan su pleno desarrollo.

 

Esta conferencia versa sobre la paridad de género en puestos de liderazgo, pero resulta inevitable tratar este tema sin referirnos antes a la difícil coyuntura en la que nos encontramos, y que ha colocado a los derechos de las mujeres en el centro de la discusión pública nacional.

 

Es verdad que ningún país del mundo, ni siquiera los más avanzados, han logrado alcanzar la igualdad de género, pero los problemas que tenemos aquí son especialmente graves, porque suponen una auténtica amenaza para la sobrevivencia de las mujeres.

 

Debemos reconocerlo, estamos en medio de una crisis social, donde la violencia de género no escapa. Duele decirlo, pero cada día, 10 mujeres son asesinadas de manera cobarde y vil, por el simple hecho de ser mujeres.

 

Este problema debe ser tratado con urgencia, sobre todo, considerando que la barbarie contra las mujeres no solo ha crecido en número, sino que también ha escalado en cuanto a la saña y crueldad con las que se violenta a las mujeres.

 

No terminamos de reponernos de una tragedia, cuando ya nos enteramos de otra igual o más espantosa que la anterior.

 

Lo peor es que casos como los de Abril, Ingrid y Fátima no son hechos aislados, sino que forman parte de un contexto de violencia,

 

discriminación y adversidad al que nos enfrentamos las mujeres todos los días: en la familia, en la escuela, en las calles y en el trabajo.

 

Según el INEGI, seis de cada 10 mujeres han sido violentadas por sus parejas, 3 de cada diez han padecido acoso sexual cibernético y se estima que el 10% de todas las mujeres fueron abusadas sexualmente durante la infancia.

 

Pero también quiero hablarles de otro tipo de violencia, la laboral y económica. De acuerdo con el Censo Económico 2019 del INEGI, en México existen 35.4 millones de personas ocupadas, de las cuales el 43.8% son mujeres. 

 

Poco a poco, las mujeres hemos venido conquistando espacios en la economía, pero con frecuencia ganamos menos dinero que los hombres, nos cuesta más trabajo ocupar puestos ejecutivos y enfrentamos mayores obstáculos que los hombres. Ustedes saben bien que así es.

 

Estos problemas no son exclusivos de nuestro país. En el mundo, una mujer gana en promedio 20% menos que un hombre y se estima que, al ritmo que vamos, esta brecha tardará 200 años en cerrarse.

 

En el caso de México, la brecha salarial de género es del 11%. Ciertamente, somos el país de la OCDE que más ha disminuido esta brecha en los últimos 20 años. Sin embargo, seguimos enfrentando otro tipo de barreas de género.

 

De acuerdo con un estudio del Foro Económico Mundial sobre oportunidades económicas y laborales de las mujeres, México ocupa la posición 122 de 149 países evaluados.

 

Las trabajadoras en México tienen que realizar dobles y hasta triples jornadas de trabajo, al hacerse cargo del cuidado de los hijos e hijas y de las labores del hogar, además de sus actividades laborales.

 

Incluso entre nosotras las mujeres existen brechas por cuestiones como la maternidad. De hecho, somos el país de América Latina que reporta una brecha salarial mayor entre mujeres madres y no madres, con 33.2%.

 

Este clima de discriminación, tratos injustos, brechas y violencia hacia las mujeres es justamente lo que ha motivado a muchas de ellas a tomar las calles o a organizarse -como ustedes- exigiendo que se pongan en marcha políticas públicas más efectivas para la resolución de los problemas que nos afectan. ¡Así también debemos luchar por desterrar al machismo y a la misoginia de la sociedad!

 

Las mujeres estamos alzando la voz y nos deben escuchar, pero también debemos escucharnos y atendernos entre nosotras, con empatía, sensibilidad y altura de miras.

 

Ahora bien, no partimos de cero. México ha dado importantes avances que merecen reconocerse, no como un auto consuelo, sino como una demostración palpable de que juntas y unidas, podemos impulsar con éxito las transformaciones que se requieren para lograr la igualdad de género.

 

En esta LXIV Legislatura, hemos aprobado diversas reformas que buscan precisamente la reivindicación de los derechos humanos de las mujeres, así como el desvanecimiento de las brechas de género en nuestro país.

 

Una de estas reformas es la de paridad de género, que ordena la observación de este principio en la integración de los órganos autónomos y las secretarías de despacho a nivel federal y local.

 

La llamada “paridad total” ha sido una de las acciones más visibles y difundidas, pero quisiera señalar que, en esta misma Legislatura, hemos aprobado otras reformas que buscan saldar deudas históricas con las mujeres, como la seguridad social para las personas trabajadoras del Hogar, la clasificación del feminicidio como delito grave en la Constitución, la prohibición el matrimonio infantil y la paridad de género en los consejos de administración de la Banca de Desarrollo.

 

No obstante lo anterior, nos queda todavía un largo tramo por recorrer. Entre los pendientes que tenemos se encuentra en primer lugar erradicar con todas las formas de violencia que atentan contra la vida y la dignidad de las mujeres.

 

Este problema es de todas y de todos. La solución también tiene que venir de todas y de todos.

 

¿Qué le toca al gobierno? me refiero también, a las legisladoras y legisladores e integrantes del poder legislativo.

 

  • El Gobierno debe revisar las políticas públicas para atender con un enfoque integral y transversal las causas y consecuencias de la violencia de género.
  • Los ministerios públicos y las policías aplicar los protocolos especializados previstos en la ley para atender de manera inmediata a las mujeres víctimas del delito.
  • Las y los juzgadores deben adoptar la perspectiva de género como una directriz en la resolución de los casos que se les asignan.
  • En el Poder Legislativo, nos corresponde revisar y corregir la legislación que propician la discriminación y la vulneración de derechos de las mujeres.

 

¿Y desde la sociedad que se debe plantear? ¿Qué cambios debemos promover en el sector privado? ¿Cómo avanzar? Definitivamente con la propia paridad de género en puestos de liderazgo

 

  • Desde el punto de vista económico, debemos promover incentivos a las empresas que promuevan: la igualdad de género a través de la igualdad salarial y el combate al hostigamiento y acoso sexual laboral.
  • Propongamos y exijamos la presencia de las mujeres en los consejos de administración en forma paritaria.
  • Impulsemos horarios laborales flexibles para las mujeres.

Sé que ustedes pueden hacerlo, ¡que juntas podemos!

 

Una vertiente en la que necesitamos avanzar más para empoderar a las mujeres es la autonomía económica, lo cual no solo es benéfico para las mujeres, sino para el país en su conjunto.

 

Cuando una mujer se inserta en el mercado laboral, tiene mayores herramientas para ejercer sus derechos, pero no solo eso. De acuerdo con múltiples estudios, las empresas encabezadas por mujeres son las más rentables, productivas y eficientes.

 

Por todo esto celebro la oportunidad que tengo de dialogar con ustedes, las mujeres empresarias mexicanas, que aportan su talento, capital y trabajo en beneficio de la prosperidad del país.

 

El éxito y expansión de la Asociación Mexicana de Mujeres Empresarias es un testimonio de la capacidad y visión de las mujeres para producir, innovar y crear lazos de solidaridad.

 

Queridas amigas, ustedes, las socias, accionistas y empresarias de la AMEXME son una inspiración para las mujeres de nuestro país.

 

La AMEXME es un símbolo del empoderamiento de las mujeres y, por tanto, una aliada estratégica en la construcción de un país más igualitario.

 

En el marco de este tercer foro regional empresarial, les expreso mi más amplio reconocimiento. Por esto, les invito a que cerremos filas entre nosotras y con nuestro gobierno para plantear alternativas y soluciones frente a los problemas que nos afectan como mujeres.

 

Deben saber que cuentan conmigo, que soy una aliada de sus luchas, desde cualquier trinchera, como ciudadana, como servidora pública, como Presidenta de la Mesa Directiva del Senado, como Senadora, como mujer líder. ¡Soy una de Ustedes!

 

Porque como dicen y dicen bien: ¡solas invisibles, unidas invencibles!

Muchas gracias.

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