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Todos queremos un México libre y sin corrupción

En los últimos días, que han sido tiempos electorales, ha habido desafortunadas declaraciones de algunos personajes de la política que se inscriben en el ámbito de la difamación y de las acusaciones sin ningún sustento en contra del Presidente de la República.

En ocasiones da la impresión que ya sea desde la irresponsabilidad o incluso desde la nostalgia, se hacen afirmaciones temerarias sin presentar ninguna prueba y simplemente buscan que la ciudadanía o el auditorio que los escucha les conceda credibilidad.

Esta forma de difamación y de guerra sucia, o campañas negras en como se les conoce, ha sido una estrategia electoral recurrente de la derecha desde hace muchos años.

Incluso hay que recordar las máximas plasmadas en su documento guía “ave azul”, que se hizo público hace más de 2 décadas, en donde una de las instrucciones a seguir era la de difamar y mentir sobre alguien, y que en el momento que cayera por tierra la mentira, inventaran otra de inmediato.

Hay que recordar que la problemática de la seguridad y del tráfico ilícito de narcóticos es un asunto que lamentablemente se padece en este país desde hace varias décadas.

Se conoce con gran amplitud que esa actividad ha afectado a México como consecuencia de la corrupción que incluso se ha manifestado en los altos niveles gubernamentales. En particular, conviene tener presente que en el extranjero, hoy mismo hay personas detenidas y en procesos judiciales por sus prácticas indebidas cuando fueron funcionarios.

Tampoco es casual que en el contexto de una nueva estrategia para recuperar la paz en nuestro país haya quienes tengan interés con fines políticos para demeritar lo que se está haciendo. Sin prueba alguna y solo con dichos se pretende ensuciar a un gobierno y a quien lo encabeza de manera irresponsable. En ese sentido, la ley es clara, quien acusa tiene la obligación de probar

Por ello, no es serio ni ético, hacer ese tipo de señalamientos con el único propósito de llamar la atención y de atraer los reflectores para causas personales, y que hoy solo se entienden en la desesperación de la debacle electoral de ciertos grupos.

Los nuevos tiempos que vive México en el que debe imperar el Estado de Derecho exige que los políticos actúen con responsabilidad, sobre todo cuando se trata de emitir opiniones personales basadas en supuestos absurdos motivados por el odio.

Todas y todos queremos un México libre y sin corrupción.

Texto publicado en Publimetro

 

Vivimos tiempos anómalos

  • Texto publicado por la senadora Mónica Fernández Balboa en el periódico Publímetro.

 

El país ha venido arrastrando desde hace casi tres lustros una estela de violencia que es difícil contener y erradicar; bandas del crimen organizado se multiplicaron ante la falta de  estrategias eficaces para combatirlas y neutralizarlas.

Atentados como el ocurrido el viernes pasado en la Ciudad de México son también reacciones extremas de los grupos criminales ante la intervención de las instituciones gubernamentales que afectan sus intereses.

Abatir la delincuencia, en particular la que practican estas bandas de proceder sanguinario, es un gran reto no sólo para los cuerpos policiacos, sino para las estructuras del gobierno en sus distintos órdenes.

Proteger a la sociedad, garantizar la paz y la tranquilidad, son desafíos que los gobiernos requieren resolver como elementos indispensables para garantizar el bienestar social.

Al cambiar de régimen, el Gobierno de la República decidió sustituir la política simple de choque frontal contra el crimen organizado, la cual mostró su ineficacia a lo largo de por lo menos dos sexenios.

Se aplica ahora una visión integral que atiende a las causas profundas que alimentan la violencia, entre ellas la desigualdad y la marginación de las mayorías, así como la corrupción y la impunidad.

En el ámbito legislativo ha habido un acompañamiento a ese esfuerzo, cuyo punto culminante fue la creación de las leyes que amparan la formación y operación de la Guardia Nacional, la extinción de dominio de bienes producto de actividades ilícitas, y la ampliación del catálogo de delitos que ameritan prisión preventiva, entre otras reformas recientes.

Por supuesto, el proceso de recuperación y consolidación de la paz y el abatimiento del delito llevarán un tiempo.

También requiere paciencia la identificación y desarticulación de las bandas criminales.

Los lamentables hechos del viernes, mostraron sin embargo el lado positivo de una inmediata y profesional reacción de la policía capitalina, así como el apoyo oportuno de fuerzas federales ante la gravedad del atentado, todo lo cual culminó con la aprehensión y el inicio de proceso contra un grupo numeroso de quienes realizaron la emboscada.

En la medida en que fortalezcamos la presencia y actuación de la Guardia Nacional y del resto de las instituciones de seguridad, así como su profesionalización y disciplina, tendremos mecanismos que nos permitirán pacificar el país e impedir que hechos como éste se repitan.

Vivimos tiempos anómalos, agravados por circunstancias extraordinarias como la pandemia que atravesamos, pero podemos tener confianza de que como sociedad saldremos adelante frente al desafío que uno o varios grupos de criminales puedan representar. Las y los mexicanos de bien somos millones más.

Lee esta columna en Publímetro AQUÍ.